¿Sabes que documentación necesitas antes de poner a la venta tu propiedad?

reinmocan • 25 de julio de 2025

Antes de poner el cartel de 'Se Vende'… asegúrate de tener estos papeles en regla

Vender una vivienda no se limita a hacer fotos y subir un anuncio a un portal inmobiliario. Para garantizar una operación legal, segura y eficaz, es fundamental contar con toda la documentación técnica, legal y fiscal en regla. Esta documentación no solo agiliza el proceso de venta, sino que también aporta seguridad al comprador y evita contratiempos en notaría.

A continuación, te detallamos los documentos imprescindibles que debes tener preparados antes, durante y al final del proceso de venta de tu inmueble.

1.- Nota Simple Informativa

La nota simple es un documento emitido por el Registro de la Propiedad donde se encuentra inscrito el inmueble. Informa sobre:

  • Titularidad del inmueble (quién figura como propietario legal)
  • Descripción registral (superficie, ubicación, linderos, uso)
  • Cargas y gravámenes (hipotecas, embargos, servidumbres, etc.)

Es imprescindible en la fase previa a la comercialización, ya que permite confirmar que el inmueble está en condiciones legales de ser vendido. También será necesaria durante las negociaciones con compradores y el cierre en notaría.

2.- Certificado de Eficiencia Energética (CEE)

Desde 2013 es obligatorio presentar este certificado al poner a la venta una vivienda. Informa sobre el consumo energético del inmueble en condiciones normales de uso.

  • Lo emite un técnico autorizado tras visitar la vivienda.
  • Asigna una calificación energética (de la A a la G).
  • Tiene una vigencia de 10 años.

Este documento es necesario tanto para anunciar la vivienda en portales inmobiliarios como para firmar la escritura de compraventa. 

3.- Cédula de Habitabilidad

Es un documento que acredita que la vivienda cumple con los requisitos mínimos de habitabilidad, salubridad y seguridad exigidos por la normativa autonómica.

  • Vigencia: entre 5 y 15 años (según comunidad autónoma).
  • En Canarias, no es obligatoria si los suministros están dados de alta.
  • Si no está vigente, deberás solicitarla o emitir una declaración responsable, especialmente para construcciones anteriores al Decreto 117/2006.

4.- Planos de la Vivienda

Aunque no son obligatorios, son muy recomendables para operaciones con viviendas a reformar o propiedades con distribución compleja. Permiten al comprador visualizar:

  • Disposición de los espacios
  • Ubicación de muros de carga y tabiques
  • Posibilidades de reforma

Tenerlos a mano agiliza la toma de decisiones de los interesados y mejora la percepción del inmueble.

5.- Escritura de Compraventa

La escritura pública es el documento legal que acredita la transmisión del dominio y tu condición de propietario. Será necesaria para:

  • Confirmar la titularidad
  • Revisar condiciones de adquisición anteriores (por ejemplo, usufructos, herencias, etc.)
  • Facilitar datos al notario

Si no la encuentras, puedes solicitar copia autorizada en la notaría donde se firmó.

6.- Certificado de ITE (Inspección Técnica del Edificio)

Es obligatorio para edificios con más de 50 años de antigüedad, según normativa autonómica o municipal. El informe evalúa:

  • Estado de conservación de la estructura
  • Instalaciones comunitarias
  • Condiciones de accesibilidad y seguridad

Si no lo tienes y el edificio lo requiere, el comprador puede exonerarte de la entrega, pero debe quedar constancia expresa en la escritura pública.

7. - Estatutos de la Comunidad de Propietarios

Documento que recoge las normas internas de convivencia, el uso de zonas comunes, distribución de gastos, limitaciones (uso turístico, animales, obras, etc.) y derechos de los propietarios.

Aunque no es obligatorio entregarlo, proporcionarlo aporta transparencia y puede ser clave en operaciones con inversores o compradores extranjeros.

8.- Certificado de la Comunidad de Propietarios

Documento expedido por el secretario de la comunidad con el visto bueno del presidente, donde se certifica que:

  • El vendedor está al corriente del pago de cuotas y derramas
  • No hay deudas pendientes a fecha de transmisión

Este certificado es obligatorio en notaría, según el artículo 9 de la Ley de Propiedad Horizontal. Toda deuda comunitaria anterior a la venta corresponde al vendedor. 

9.- Último recibo del IBI pagado

El Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) es un tributo municipal obligatorio para todos los propietarios. Deberás presentar el último recibo abonado como prueba de estar al día en tus obligaciones fiscales.

En caso de no disponerlo, el notario podrá requerir un certificado de deuda tributaria al ayuntamiento correspondiente.

10.- Últimas facturas de suministros pagadas

Es recomendable tener disponibles las últimas facturas de:

  • Luz
  • Agua
  • Gas (si aplica)
  • Basura o saneamiento

Estas facturas son útiles para verificar que los suministros están al corriente y facilitan el cambio de titularidad al nuevo propietario tras la venta.

11.- Certificado de deuda hipotecaria pendiente

Si tu vivienda tiene hipoteca vigente, necesitas presentar este certificado:

  • Lo emite tu entidad financiera
  • Especifica el importe exacto pendiente a la fecha de la venta

El día de la firma en notaría, el banco del comprador podrá abonar directamente la deuda pendiente mediante un cheque nominativo al banco acreedor. El resto del importe se entrega al vendedor.

Este trámite permite que la propiedad se transmita libre de cargas hipotecarias.

Contar con la documentación adecuada no solo es un requisito legal, sino una muestra de transparencia y profesionalidad. Preparar estos documentos con antelación:

  • Acelera la venta
  • Evita bloqueos legales o fiscales
  • Genera confianza en compradores y notarios

En REINMOCAN, nos encargamos de asesorar a nuestros clientes en cada etapa del proceso de compraventa, revisando cada documento antes de poner un inmueble a la venta. Nuestro objetivo es garantizar una operación segura, rápida y sin sorpresas.

Por reinmocan 30 de enero de 2026
Había una vez una mujer que heredó una casa. No un palacio, no una inversión especulativa. Una casa normal, heredada de un familiar, con la idea sencilla y honesta de venderla para ordenar su vida y pagar deudas que no había buscado, pero que tenía que afrontar. La casa estaba vacía y necesitaba una pequeña reforma. Nada extraordinario. Pintar, arreglar cuatro cosas y ponerla en el mercado. Entonces apareció un chico. Se presentó como reformista. Educado, convincente, con prisas por empezar. Le contó una historia creíble, de esas que no levantan sospechas. Ella confió. Porque confiar, hoy por hoy, sigue siendo un acto normal… aunque cada vez más arriesgado. Le dejó entrar. Y ahí empezó el verdadero cuento. El chico sí reformó la casa. Pero no la reformó para entregarla, ni para cumplir un encargo. La reformó para quedarse. En lugar de mejorar la vivienda para su propietaria, empezó a reformar su propia vida dentro de ella. Un día entró una persona más. Luego otra. Después, toda la familia. Cuando la propietaria quiso reaccionar, la casa ya no era su casa. Habían pasado de invitados a residentes. Y de residentes a intocables. La mujer acudió a donde se supone que hay que acudir cuando te quitan algo que es tuyo: a la justicia. Allí, el ocupante presentó su mejor defensa: un supuesto acuerdo verbal. Ningún papel, ninguna firma. Solo su palabra frente a la de la propietaria. Y, sorprendentemente, fue suficiente para sembrar la duda y alargar el proceso. Pero la justicia iba despacio. Muy despacio. Le pidieron papeles, informes, paciencia. Le hablaron de vulnerabilidad, de tiempos, de equilibrios sociales. Él aseguró que no tenía a dónde ir con su familia, que no contaba con recursos, que desalojar sería un drama humano. Nadie le habló de sus deudas, de su ansiedad ni de su derecho a disponer de su propiedad. Mientras tanto, el ocupante hacía vida normal. Normal no. Mejor que normal. Instaló una piscina en la azotea. Y mientras tanto, viajaba. Fotos, desplazamientos, escapadas. Para eso sí había dinero. Para pagar una vivienda que no era suya, no. Sí, una piscina. Desde fuera, la casa parecía la misma. Desde dentro, era un chalet con vistas… que no le pertenecía. Pasaron los meses. Luego los años. Tres años. Tres años sin vender. Tres años sin cobrar. Tres años pagando impuestos, comunidad y silencios administrativos. La casa seguía figurando a nombre de la propietaria, pero el uso, el disfrute y la tranquilidad tenían otro nombre. Este cuento no tiene dragones ni brujas. Tiene algo peor: un sistema que confunde protección social con abandono del propietario. Porque nadie realojó al ocupante. Nadie ayudó a la propietaria. Pero alguien decidió que ella debía esperar. Esperar a que el problema se resolviera solo. Esperar a que la deuda no ahogara. Esperar a que la ley recordara para quién estaba escrita. Y aquí viene la moraleja, aunque no sea infantil. Cuando una sociedad permite que alguien viva gratis en la casa de otro durante años, no está protegiendo a los débiles. Está castigando al responsable. Y cuando el propietario pierde el control de su vivienda, no pierde solo un inmueble. Pierde seguridad jurídica. Pierde confianza. Pierde la sensación de que la ley está de su lado. Este cuento es real. Y lo más inquietante no es que ocurra. Es que ya no sorprende.
Por reinmocan 30 de enero de 2026
La inseguridad jurídica y económica que sienten muchos propietarios de viviendas en alquiler está teniendo efectos colaterales devastadores sobre los más vulnerables: familias jóvenes con niños pequeños, pensionistas, familias monoparentales, personas con ingresos limitados y quienes dependen de ayudas sociales o protección legal frente a impagos. Mientras el discurso público se centra en proteger al inquilino, se olvida que sin confianza del propietario no hay mercado que funcione . El miedo de quienes poseen viviendas hace que muchos decidan retirar sus inmuebles del alquiler o endurecer las condiciones de acceso, reduciendo drásticamente la oferta disponible. EL MIEDO DEL PROPIETARIO Alquilar una vivienda se ha convertido en una apuesta de alto riesgo para muchos propietarios. Las razones son claras: Impuestos y costes legales elevados en caso de impagos u ocupaciones. Procesos judiciales largos e inciertos , que pueden prolongarse meses o años. Inseguridad jurídica derivada de normas que no protegen de manera efectiva al propietario. El resultado es que los propietarios actúan de manera racional: prefieren no arriesgar , incluso aunque el potencial inquilino esté amparado por la ley como persona vulnerable. QUIÉNES SUFREN MÁS La inseguridad de los propietarios impacta de manera desigual. Los más afectados son los que dependen de ciertas protecciones o tienen menos recursos: Familias jóvenes con niños pequeños , que buscan estabilidad. Pensionistas y personas mayores , con ingresos fijos y limitados. Familias monoparentales , con responsabilidades y recursos reducidos. Personas con empleo temporal, autónomos o ingresos bajos , cuya estabilidad económica no siempre es constante. Inquilinos con apoyo social o ayudas , protegidos legalmente frente a impagos, pero percibidos como un riesgo por los propietarios. Cuanto más se calienta el mercado, más caros y escasos se vuelven los alquileres, y más difícil resulta para estas personas encontrar vivienda accesible. En otras palabras, quien más necesita protección es quien más sufre la contracción del mercado . CONSECUENCIAS PARA EL MERCADO DEL ALQUILER La combinación de miedo y regulación mal planteada tiene efectos claros y medibles: Menor oferta de viviendas para alquilar. Precios más altos , al reducirse la competencia por la demanda existente. Condiciones más duras para los inquilinos , como avales elevados y contratos restrictivos. Desconfianza en la inversión inmobiliaria , frenando nuevos proyectos y ampliaciones de oferta. Cuando la confianza del propietario desaparece, el mercado residencial se rompe , y la regulación, en lugar de corregir, termina agravando la crisis. RIESGO FUTURO DE INQUILINOS VULNERABLES Si la situación actual continúa: Los propietarios seguirán alquilando solo a perfiles percibidos como “seguros”, excluyendo a los más vulnerables. La oferta seguirá disminuyendo y los precios subirán. Las políticas de protección social y derechos de inquilinos no lograrán garantizar acceso a vivienda sin confianza del propietario . En resumen, las familias jóvenes, los pensionistas y las personas en riesgo económico seguirán siendo los más perjudicados , y cada aumento de tensión en el mercado les hará más difícil acceder a un alquiler digno. POSIBLES SOLUCIONES Para equilibrar la seguridad del propietario y la protección del inquilino vulnerable, se requieren medidas concretas y coherentes: Seguridad jurídica efectiva: procedimientos claros y rápidos frente a impagos y ocupaciones. Seguros de impago y protección para propietarios: mitigando riesgos y animando a alquilar a personas vulnerables. Incentivos fiscales: deducciones o beneficios para propietarios que alquilen a inquilinos protegidos legalmente. Mediación preventiva: servicios que resuelvan conflictos antes de llegar a juicio. Transparencia y educación: informar tanto a propietarios como a inquilinos sobre derechos, obligaciones y garantías reales. CONCLUSIÓN El miedo del propietario no es capricho, es racional . Pero si no se actúa para proteger su confianza, el mercado seguirá contrayéndose y los más vulnerables serán los que más lo sufran: familias jóvenes, pensionistas, familias monoparentales y personas con ingresos limitados. La solución pasa por equilibrio, seguridad jurídica y medidas inteligentes que protejan tanto al propietario como al inquilino. Solo así se podrá recuperar la confianza, aumentar la oferta de viviendas y garantizar un mercado de alquiler accesible para quienes más lo necesitan .
Por reinmocan 30 de enero de 2026
En España se habla mucho de la regulación del alquiler como la solución para frenar los precios y proteger al inquilino. Sin embargo, la realidad demuestra que más leyes no siempre equivalen a más viviendas disponibles , y en muchos casos el resultado es justamente lo contrario: menos oferta, más desconfianza y precios al alza . CÓMO LA REGULACIÓN AFECTA AL PROPIETARIO Cada nueva norma añade más complejidad, límites y riesgos para quien pone su vivienda en alquiler: Mayor inseguridad jurídica: muchas leyes no aclaran completamente derechos y obligaciones, dejando a los propietarios desprotegidos. Procesos judiciales más lentos: impagos o conflictos derivados de la regulación tardan meses o años en resolverse. Riesgo económico: límites de precios, controles y restricciones aumentan la percepción de riesgo, desincentivando a quien podría alquilar. El resultado es lógico: muchos propietarios deciden retirar sus viviendas del mercado o endurecer las condiciones de acceso. Lo que se pretendía como solución se convierte en un efecto contrario: menos viviendas disponibles para quienes más las necesitan . CONSECUENCIAS PARA EL MERCADO DEL ALQUILER Cuando la oferta disminuye, el mercado se tensiona automáticamente: Precios al alza: menos viviendas significa más competencia entre inquilinos. Endurecimiento de requisitos: avales, depósitos más altos y condiciones más estrictas. Inseguridad generalizada: los propietarios temen asumir riesgos y el mercado se retrae. En otras palabras, la regulación mal planteada rompe la confianza , que es la base de cualquier mercado funcional. QUÉ SE NECESITA REALMENTE No se trata de eliminar la regulación, sino de hacerla inteligente y equilibrada: Seguridad jurídica clara: leyes que protejan tanto al inquilino como al propietario. Procesos ágiles: resolución rápida de conflictos y impagos. Incentivos a la oferta: beneficios fiscales o seguros que mitiguen riesgos y animen a alquilar. Medidas basadas en datos reales: regulación adaptada a la oferta, demanda y características locales del mercado. Regular sin entender las consecuencias es estrangular el mercado y castigar al propietario , justo lo que estamos viendo hoy. CONCLUSIÓN Y EN MI OPINIÓN PERSONAL La regulación del alquiler en España ha desincentivado a quienes sostienen la oferta, aumentando la escasez y tensionando los precios. La solución pasa por equilibrio y seguridad jurídica : establecer leyes claras que protejan al propietario, agilicen los procesos judiciales, y acompañarlas con incentivos a quienes alquilan , como beneficios fiscales, seguros frente a impagos y apoyo administrativo. Solo así se podrá recuperar la confianza de los propietarios, aumentar la oferta de vivienda y estabilizar el mercado del alquiler . Regular sin proteger al propietario no es política, es un error que pagamos todos.
Por reinmocan 30 de enero de 2026
La okupación ilegal en España ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en un problema estructural y recurrente. No se trata de casos aislados: cada vez más viviendas se ven afectadas, tanto en grandes ciudades como en municipios pequeños, generando un impacto directo en la confianza de los propietarios y en la estabilidad del mercado del alquiler. IMPACTO EN LOS PROPIETARIOS El mayor problema no es únicamente el acto de ocupar una vivienda, sino que el sistema no protege de manera efectiva al propietario. Los procesos judiciales son largos y costosos, los desalojos pueden tardar meses o incluso años, y los gastos económicos y emocionales recaen siempre sobre quien cumple la ley. Como consecuencia, muchos propietarios deciden retirar sus viviendas del mercado, endurecer las condiciones de alquiler o directamente dejar de invertir en propiedades. Esto tiene un efecto inmediato en la oferta de vivienda disponible, encareciendo los precios y aumentando la competencia entre inquilinos. CONSECUENCIAS PARA EL MERCADO DE ALQUILER La falta de protección jurídica y la inseguridad generan un círculo vicioso: Menos oferta de alquiler, lo que presiona al alza los precios. Endurecimiento de requisitos para inquilinos, como avales, garantías y depósitos más altos. Desconfianza en la inversión inmobiliaria, afectando incluso a nuevas construcciones y proyectos de vivienda. La okupación ilegal no solo afecta a la vivienda ocupada, sino que distorsiona todo el mercado residencial, incrementando la escasez y reduciendo la movilidad en el sector inmobiliario. LA RESPUESTA AL SISTEMA Actualmente, la legislación y las políticas del Gobierno no ofrecen soluciones eficaces. La protección del propietario es limitada, los procedimientos judiciales son lentos y la sensación de impunidad para los ocupantes genera frustración y desconfianza. Además, muchas medidas se centran en proteger al inquilino sin equilibrar derechos, provocando que la oferta de viviendas de alquiler se retraiga y se agudicen los problemas de acceso a vivienda digna. SOLUCIONES PARA RESTAURAR LA CONFIANZA Existen medidas concretas que podrían mitigar la okupación ilegal y fortalecer la confianza de los propietarios: Desalojos rápidos y procedimientos exprés: reducir plazos y simplificar trámites protege al propietario sin vulnerar derechos. Seguridad jurídica clara: leyes equilibradas que definan derechos y sanciones frente a okupaciones. Incentivos a la oferta de alquiler: beneficios fiscales o seguros que respalden a los propietarios frente a riesgos. Campañas de información y educación: aclarar derechos y obligaciones reduce conflictos y malentendidos. Colaboración público-privada: coordinación con agencias de seguridad y urbanismo para prevenir ocupaciones y detectar riesgos anticipadamente. La okupación ilegal en España no es un problema menor; afecta directamente a propietarios, al mercado del alquiler y a la estabilidad del sector inmobiliario. Negar su impacto o minimizarlo solo agrava la crisis. Solo con medidas claras, rápidas y equilibradas se podrá recuperar la confianza, aumentar la oferta de vivienda y estabilizar un mercado que hoy está bajo presión constante.
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